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Guerras Carlistas

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Guerras Carlistas
- Introducción
- Ocaso del Antiguo Régimen
- Régimen Liberal
- Guerras
- Desamortización
- Restauración

 

Guerras Carlistas

Guerras Carlistas, Restauración

Autora: Esmeralda Muñoz Sánchez
Fotografías: Archivo, Centro de Estudios de Castilla-La Mancha
Fuente: Miguelturra en red, nº2

La historia del siglo XIX es la descripción de un período que enlaza la crisis del Antiguo Régimen y la consolidación de un nuevo sistema político de corte liberal, todo ello marcado por los cambios políticos cíclicos de distinto signo ideológico.

La llegada al poder en 1833 de los liberales marcará un antes y un después, ya que si en el espacio de tiempo comprendido entre 1808 y 1833 se sucederán gobiernos liberales y absolutistas, el período comprendido entre 1833 y 1868, será una etapa de alternancia entre progresistas y moderados, a lo que hay que sumar el fenómeno de las guerras carlistas, que aunque parece un fenómeno esencialmente ligado a regiones de fuerte componente foral o nacionalista caso de Cataluña, El País Vasco o Navarra, la región manchega, y en especial, la provincia de Ciudad Real fue uno de los escenarios más permanentes de dichas guerras.
Será durante este período cuando se institucionalice la división territorial de España en 49 provincias por parte del liberal Javier de Burgos, ministro de Fomento, quien, durante la regencia de María Cristina viuda de Fernando VII estableció por Real Decreto 30 de noviembre de 1833 esta división, que hoy día sigue vigente y que sirvió de base para establecer el actual mapa autonómico.
El estudio a grandes rasgos de este período en el contexto de la provincia de Ciudad Real y, más concretamente, de la Villa de Miguelturra, está sujeto a los cambios y transformaciones que acontecieron en la vida política, social y económica de la historia de España en este siglo.
En definitiva, fue el espacio temporal en el que se registraron más cambios, más revoluciones, más sistemas de gobierno y más alteraciones del Estado que en cualquier otra época de la historia de España

Guerras Carlistas


Fechas         Período histórico
1808 - 1814     Guerra de la Independencia (liberal)
1814 - 1820     Sexenio (absolutistas)
1820 - 1823     Trienio Constitucional (liberal)
1823 - 1833     Década Ominosa (absolutista)
1833 - 1840     Primera Guerra Carlista
1835 - 1837     Juntas Revolucionarias y Gobierno de Mendizabal (progresista)
1840 - 1843     Regencia de Espartero (progresista)
1846 - 1849     Segunda Guerra Carlista
1843 - 1854     Década Moderada (moderados)
1854 - 1864     Bienio Progresista
1856 - 1868     Unión Liberal (moderados)
1868 - 1874     Sexenio Revolucionario
1872 - 1876     Tercera Guerra Carlista

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Ocaso del Antiguo Régimen

La grave crisis política de 1808, con la abdicación de Carlos IV a favor de su hijo Fernando y su proclamación como rey, dio paso a la invasión napoleónica y el inicio de la Revolución Liberal, que traerán al país importantes reformas.
La resistencia del pueblo español frente a la invasión francesa y la guerra de "guerrillas" supuso el fin de la monarquía absoluta y de las estructuras sociales, políticas, económicas y jurídicas que la sustentaban.
La provincia de Ciudad Real fue una tierra de tránsito y paso de las tropas francesas para conquistar Andalucía y Extremadura. Pero lo más importante fue la desmembración local y provincial, con un vacío de poder que pronto fue asumido por las juntas de Defensa y de Gobierno Provinciales, como poder intermedio entre los diferentes municipios y la Junta de Defensa Central, presidida por el Conde de Floridablanca.
La Restauración de Fernando VII en 1814 anula todas las reformas administrativas, tendentes a dar un mayor protagonismo a las diputaciones provinciales y ayuntamientos, a la vez que intenta anular todo cambio que atentase contra la división socio-económica que había sustentado el sistema absolutista; por ello, la Restauración supuso una severa represión contra los liberales y los afrancesados.
El liberalismo fue calando en sectores minoritarios, no obstante se formaron las denominadas partidas "realistas", que luchan ya abiertamente contra el liberalismo y que constituyen el antecedente más directo de lo que posteriormente serán las "guerrillas carlistas". Otro sector de oposición al liberalismo lo representará la Iglesia, pilar básico en la defensa de un modelo de sociedad que parecía amenazada en sus fundamentos por los principios del régimen liberal.
El nacimiento de la princesa Isabel en 1830 y la derogación de la Ley Sálica (exclusión de las mujeres en la sucesión al trono), suponía privar de los derechos a la Corona de España al Infante don Carlos. A partir de este momento, se abre una lucha entre dos facciones claramente diferenciadas: los realistas, defensores del Infante don Carlos, y por tanto, del absolutismo, y los moderados o fernandistas, apoyados por el propio rey Fernando VII y defensores de la princesa Isabel como Princesa de Asturias. Entre ambas facciones, los liberales, quienes comenzaron a entenderse con la facción moderada, de tal modo que el liberalismo e Isabel II comenzarán a estar íntimamente unidos.

Ocaso del Antiguo Régimen

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El Régimen Liberal

Fernando VII muere en octubre de 1833 con el problema de su sucesión sin resolver, aunque legítimamente su hija Isabel era la heredera al trono una vez alcanzase su mayoría de edad.
La muerte de Fernando VII posibilita la llegada al poder de los liberales, iniciándose así las hostilidades entre liberales y carlistas, es decir, entre los defensores de un nuevo sistema político, social y económico basado en el establecimiento de un Estado Liberal, y los que estaban a favor de mantener un sistema sujeto al Antiguo Régimen.
Este conflicto armado, conocido como primera guerra carlista o guerra de los siete años, es la primera guerra civil de la historia contemporánea de España, donde la provincia de Ciudad Real se presenta como uno de los escenarios más destacados. Si antes las guerrillas habían luchado con gran ahínco contra los franceses, ahora volvían a tomar las armas para apoyar a un candidato que se erigía como la figura defensora de un modelo de sociedad claramente segmentada, de unas tradicionales formas de propiedad comunal y eclesiásticas y de un control políticoeconómico por parte de las grandes oligarquías.

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Las Guerras Carlistas: La resistencia de los guerrilleros carlistas miguelturreños

En la zona de la Sierra de Calatrava, es decir, en el territorio comprendido en el corazón de la provincia, se levantaron los primeros partidarios de la causa carlista. Almagro pronto destacó como gran centro carlista. El sargento primero retirado Francisco Asenjo fue hecho pronto prisionero por carlistas, así como también fueron arrestados más de la mitad de los frailes del Convento de San Agustín.
También en 1834 se había levantado una facción en Miguelturra capitaneada por José Muñoz, alias Centinela, que operaba también en las zonas de Almagro, Almodóvar del Campo y Corral de Calatrava, lugar este último donde fue sorprendida el siete de diciembre: a las ocho de la mañana de este día encontré la famosa facción de José Muñoz Centinela, de Miguelturra, el cual fue muerto con Andrés Saez, alias, Toledo, de Almagro, Francisco Aguila, del Corral de Calatrava y Miguel Rodríguez, de Almodóvar del Campo, los cuales eran el azote de los pueblos de estas inmediaciones.
De nuevo volvemos a tener noticias de guerrilleros miguelturreños dirigiendo pequeñas partidas, como en el caso de Alfonso el Carnicero, sobrenombre procedente del oficio que tenía, que operaba en torno a la zona del Guadiana. Fue descubierto en 1837 en un reconocimiento en dicha zona y pereció sobre el campo el día cinco de junio.
Esta lucha se repartió por toda la geografía de la provincia, los asedios carlistas a la capital y sus alrededores fueron continuos en esta primera guerra carlista. Un testimonio interesante de estos enfrentamientos es la obra de don Máximo García López, Diario de un Médico, publicado en Madrid en 1847, donde se relatan numerosos episodios de la dura lucha desarrollada en las proximidades de la capital. Por ejemplo, según D. Máximo, salió una partida de 80 ganaderos a caballo de Ciudad Real, al mando de un jefe joven e inexperto, en persecución de la facción, y en Peralvillo, atacados brusca y repentinamente por los insurgentes, fueron acuchillados y muertos casi todos...
De nuevo en 1846 vuelve a avivarse en La Mancha el carlismo en su doble componente, lucha guerrillera y religiosa, pero a diferencia de la primera etapa los cabecillas guerrilleros comenzaron a actuar inmediatamente, sin orden y sin medios suficientes.
Las acciones serán de menor relevancia, abundando especialmente los robos a particulares e instituciones públicas.
En los primeros meses de 1849, un nuevo cabecilla llamado José Sobrino, conocido como El Frailero, natural de Miguelturra, actuó junto con varios hombres más de su partida, por los pueblos de la zona de Calatrava cometiendo robos y todo tipo de excesos.
La tercera guerra carlista se inició el 14 de abril de 1872 y, casi inmediatamente, a mediados de mayo aparecen ya las primeras partidas carlistas en la provincia de Ciudad Real, entre ellas la capitaneada por Ramón Martín, alías Monchito, José Nieto Ruiz, alias Medalla y Manuel Navarro, todos ellos vecinos de Miguelturra, a los que en junio se les unían los cabecillas, también naturales de Miguelturra, Manuel Corral, alias Polilla y José Fernández, alías Rondín. Los cuales cometían pequeños robos para subsistir y poder formar a sus hombres
Miguelturra también fue el escenario de la muerte del cabecilla Feo de Cariño el 9 de septiembre de 1873. Por último, se sabe que una de las últimas actuaciones de estas partidas en Ciudad Real fue la dirigida por Santiago Muñoz, alias Tiraguillo, natural de Miguelturra, quien, aunque se había acogido al indulto, volvía de nuevo a actuar robando varias caballerías.
Si llevamos a cabo un profundo análisis políticosociológico observaremos como, en primer lugar, el carlismo vuelve a reaparecer con gran fuerza en la década de los setenta, una vez que Isabel II había sido desbancada del poder y se sucedían la efímera monarquía de Amadeo de Saboya y la proclamación de la Primera República; y en segundo lugar, fue importante el número de jornaleros y de menestrales que nutrieron las filas de las partidas carlistas, quizá porque acogerse al carlismo era sinónimo de defender la devolución del patrimonio comunal a los ayuntamientos y del restablecimiento del poder económico de la Iglesia, instituciones perjudicadas por la política liberal y los procesos desamortizadores impulsados por la misma.

Las Guerras Carlistas: La resistencia de los guerrilleros carlistas miguelturreños

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El significado del proceso desamortizador

Los procesos desamortizadores llevados a cabo en el siglo XIX se mantuvieron ajenos a los intereses de la población castellano-manchega, favoreciendo a los grupos sociales urbanos, los más alejados de las fincas. De este modo, buena parte de la riqueza agraria de Castilla-La Mancha estaba en manos de propietarios foráneos. Por tanto, en 1875 había un fuerte grupo de propietarios de origen burgués, formado por la burguesía madrileña, grandes financieros y comerciantes y profesionales liberales, que se erigirán como los principales contribuyentes que habrían de dirigir los designios de la vida política en la tierra manchega.
Asimismo la desamortización dejó desprovista de bienes comunales y de estructuras gremiales a los campesinos, jornaleros y artesanos, que tuvieron que enfrentarse a unas nuevas relaciones de producción basadas en la explotación de los todopoderosos propietarios agrarios e industriales. Ello fue estableciendo una sociedad clasista marcada por profundas desigualdades sociales, a lo que se sumaba el alto índice de analfabetismo que todavía persistía en la sociedad decimonónica de la provincia de Ciudad Real y de todos sus pueblos.

El significado del proceso desamortizador

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La Restauración Borbónica y la vida cotidiana en Miguelturra

El 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos proclamó rey de España al príncipe Alfonso de Borbón, hijo de la destronada Isabel II. El artífice de esta restauración fue Antonio Cánovas del Castillo, poniendo en funcionamiento un sistema político sostenido en tres pilares: el turno en el gobierno de los partidos políticos, conservadores y liberales, la Corona y la ausencia de un electorado libre3. La constitución de 1876 dio cuerpo legal a este sistema.

La Restauración Borbónica y la vida cotidiana en Miguelturra

La Restauración también consagró el sistema caciquil. El cacique representaba los intereses del gran terrateniente, generalmente ubicado en Madrid, o él mismo lo era. De él dependía la vida económica del pueblo, el trabajo de los jornaleros y, a veces, hasta los más insignificantes detalles de la vida cotidiana. Era un gran propietario rural que, a la vez, se convertía en auténtico dominador social. Era el encargado de antemano de amañar, con su influencia, los resultados electorales que se deseaban en Madrid. En definitiva, esta región ubicó con facilidad a cuneros diputados; valga como ejemplo esta coplilla de El Diario de la Mancha, 1910:

"Si aspiras a diputado
busca un distrito en la Mancha,
que allí no siendo manchego,
segura tienes el acta"

Observando estos principios políticos establecidos por la Restauración, en la configuración de la nueva relación electoral de la Villa de Miguelturra (sesión extraordinaria del 1 de enero de 1899), para la cual se han tenido en cuenta los repartimientos, matrícula y padrón vecinal, resulta que los cincuenta y seis vecinos que tienen derecho a ser comprendidos en ella son los que figuran en siguiente relación, ya que son los que contribuyen a la Hacienda pública:

1.- D. Bernardino Trujillo Corral; 1.439Ptas.
2.- D. Victoriano Corral Trujillo; 996Ptas.
3.- D. J. Sánchez Belmonte Carrión; 697Ptas.
4.- D. Nicomedes Corral Romero; 693Ptas.
5.- D. José Mora Sánchez; 646Ptas.
6.- D. Rogelio Castellanos Trujillo; 461Ptas.
7.- D. Lorenzo Trujillo Sánchez; 420Ptas.
8.- D. Evaristo Trujillo Corral; 419Ptas.
9.- D. Mariano Moreno Salcedo; 410Ptas.
10.- D. Leocadio Gómez Romero; 400Ptas.
11.- D. José Valero García; 399Ptas.
12.- D. A. Rivas Gómez de Fco.; 380Ptas.
13.- D. Lucas Gómez Romero; 346Ptas.
14.- D. Pedro Díaz Laguna; 340Ptas.
15.- D- Ramón Gómez Rivas; 329Ptas.
16.- D. Valeriano María Martín; 316Ptas.
17.- D. José Antonio Mora Salcedo; 305Ptas.
18.- D. Joaquín Almagro Gómez; 295Ptas.
19.- D. Ramón de la Orden Glez.; 290Ptas.
20.- D. Pablo Gómez Rivas; 285Ptas.
21.- D. Lorenzo Rojas Rivas; 264Ptas.
22.- D. Vicente Fernández Rivas;261Ptas.
23.- D. Antonio Romero Castellanos; 259Ptas.
24.- D. Eladio Sobrino Sánchez; 250Ptas.
25.- D. Sotero Almagro Gomez; 227Ptas.
26.- D. Luciano Cortés Marina; 223Ptas.
27.- D. Leandro Martinez Vera; 218Ptas.
28.- D. Julián Yébenes Tercero; 213Ptas.
29.- D. Ramón Trujillo Gómez; 213Ptas.
30.- D. R. León Rodrigo de Hilario; 212Ptas.
31.- D. José Jurado Cabello; 203Ptas.
32.- D. José García Mancha; 197Ptas.
33.- D. Sergio Arenas Chacón; 196Ptas.
34.- D. Calixto Gómez Romero; 193Ptas.
35.- D. Nemesio Marina Fernández; 190Ptas.
36.- D. Diego Martín Serrano; 190Ptas.
37.- D. José Martín de Lucía Sobrino; 181Ptas.
38.- D. Mauricio Asensio Mohino; 180Ptas.
39.- D. ángel Yébenes Tercero; 179Ptas.
40.- D. José Mora Salcedo; 179Ptas.
41.- D. Fco. Mayorga Calcerrada; 174Ptas.
42.- D. Fausto Romero Cajal;215Ptas.
43.- D. M. Trujillo Sánchez; 169Ptas.
44.- D. Santos Sánchez Buitrago; 169Ptas.
45.- D. Galo Asensio Mohino; 165Ptas.
46.- D. Jerónimo Romero Casado; 161Ptas.
47.- D. Rufo Roldán Nieto; 160Ptas.
48.- D. Estanislao Roldán Mora; 159Ptas.
49.- D. Antonio Corral; 157Ptas.
50.- D. Damián Marina Díaz; 156Ptas.
51.- D. Antonio Ocaña Rojas; 154Ptas.
52.- D. Aureo Serrano Asensio; 153Ptas.
53.- D. Segundo García Almagro; 148Ptas.
54.- D. Olallo Marina Corral; 144Ptas.
55.- D. Miguel Astilleros Muñoz ; 143Ptas.
56.- D. Antolín Serrano Merino; 142Ptas.
* Fuente: Libro de Actas 1898-99. Elaboración propia.

De esos 56 candidatos que componían el censo, fueron elegidos los catorce concejales que configuraban el Ayuntamiento:
D. Manuel Fernández Gómez,
(Alcalde-Presidente).
D. Inocencio Mora Salcedo,
(Primer Teniente de alcalde)
D. Lope Roldán Nieto.
D. Francisco Martín de Lucía.
D. Ignacio Sánchez Belmonte.
D. Claudio Fernández Fernández.
D. Críspulo Díaz Santos.
D. Eufemio Trujillo Gómez.
D. Antonio Conde Trujillo.
D. Antonio Treviño Molina.
D. Agustín Valero Sánchez.
D. Blas Fernández Triguero.
D. Valentín Trujillo Corral.
Secretario del Ayuntamiento:
D. Manuel Marina Beldad.
* D. Inocencio Mora Salcedo fue además diputado provincial, siendo elegido por el distrito de Ciudad Real y representante del partido Conservador durante ocho años, el período comprendido entre 1905-1913, año en el que falleció en Madrid.
él fue el protagonista del inicio de una efeméride importante en la historia de Miguelturra: la llegada de la luz eléctrica. En la sesión ordinaria de 6 de agosto de 1898, la corporación municipal, con D. Inocencio Mora como Alcalde accidental, plantea:
(...) la necesidad que "había de acordar, siempre que resultase ventajoso a los intereses del municipio, establecer en esta población como alumbrado público la luz eléctrica, pues según tenía entendido la diferencia sería muy escasa con relación a su coste, y aún siendo excesivo, siempre había de dar más importancia a la población y proporcionaría unas comodidades, tanto para el vecindario, como también para los particulares a quien le conviniese utilizarlo, dada la proximidad de la capital de la provincia a esta villa, y desde la cual se podría trasladar las corrientes por medio de un cable evitándose otros gastos de mayor cuantía, aunque para esto hubiera necesidad de reducir el número de luces a las que hoy existen.
Este testimonio nos permite poder imaginar como sería el aspecto físico de la Villa, todavía ajena a los progresos del siglo XIX, manteniendo un alumbrado de aceite mineral como combustible del alumbrado público y que era proporcionado por D. Felipe Mora. Asimismo, la situación de las diferentes calles y plazuelas del pueblo tampoco reunía las mejores condiciones. Es frecuente encontrar en los diferentes libros de actas municipales consultados peticiones y solicitudes de arreglos de calles plazas, farolas... Por ejemplo, los vecinos de la Plazuela de Oriente, en agosto de 1898, dirigen una carta al Señor Alcalde en la que piden el arreglo de la misma en virtud del mal estado en que se encuentra, hasta el caso de que en los días de lluvia se hace de todo presto imposible transitar por la misma, efecto de los baches y barrancos que tiene.
Pero los vecinos, solidarios con el mal estado de las arcas municipales, se comprometen ellos mismos al acarreo de piedras y arena, prestando una obrada cada uno con un total de veintitrés jornales, conscientes de no gravar los recursos del municipio que, ya de por sí, son bastante escasos.
Estas dificultades económicas se agravan considerablemente en la última década del siglo XIX. En el acta de sesiones del 3 de septiembre de 1898 consta que se había recibido una comunicación de la Delegación de Hacienda de la provincia, en la que se indicaba la apertura de un expediente de responsabilidad instruido contra el Alcalde y Concejales del pueblo de Miguelturra por débitos de consumos del ejercicio de 1894 a 1895.
Esta penuria económica repercutía en el aspecto de las calles y plazas de la Villa. Es frecuente la protesta de los vecinos por el mal estado de calles, especialmente, se habla del penoso estado de las calles Malpica, Caballeros y Almagro. Los desplazamientos se hacían a través de carruajes, no sólo dentro del pueblo, sino también hacia la capital, donde funcionaba una diligencia tirada por caballos.

La Restauración Borbónica y la vida cotidiana en Miguelturra

Las diferencias sociales también eran una realidad en Miguelturra, desde los pobres de solemnidad, a los que en ciertos momentos socorría el consistorio con una partida dedicada a beneficencia, especialmente en el pago de algunas medicinas, hasta los grandes propietarios, cuya relación hemos visto anteriormente. Diferencias que eran especialmente visibles en el cementerio público católico de la Villa, donde según la nueva normativa de diciembre de 1898, habría una zona para adultos con sepulturas distintas de primera, segunda y tercera clase y pobres de solemnidad, e igual distribución para los párvulos y glorias.
La población de Miguelturra durante el siglo XIX se ha mantenido en unas cifras constantes en torno a los 6.300- 6.400 habitantes.
Resulta también interesante como muestra de la evolución políticosocial del pueblo la presencia de la prensa. Miguelturra contó con varios periódicos en el período comprendido entre 1888 y 1912. En primer lugar apareció el periódico La Juventud Leal (1888), con una periodicidad decenal, que era un periódico carlista seguidor de la línea ideológica integrista de Ramón Nocedal y que dejó de publicarse en 1892; Los Soldados de Cristo (1891), semanario de ideología carlista que, en principio, se comenzó a publicar en Ciudad Real y que, posiblemente, pasó luego a editarse en Miguelturra; El Heraldo de la Mancha (1899); y Vida Labriega, boletín mensual de seis páginas dedicado a la agricultura.
La historia del siglo XIX es un amplio período que encierra diversas etapas, cambios y transformaciones que, observados desde la perspectiva municipal de un pueblo de La Mancha ruralizada y alejada de los principales centros de decisión política y de actividad económica, se ven mucho más lentos y menos profundos. No obstante, el protagonismo de la Villa en los procesos bélicos carlistas pone de manifiesto una gran implicación política por parte de ciertos sectores sociales.
El peso de la tradición, de la tierra, de los poderosos, de la Iglesia, mantendrá, en definitiva, el orden de la vida local aunque se comience a apuntar cierto interés por los nuevos avances y progresos del siglo.

POBLACIÓN DE HECHO EN MIGUELTURRA (1857-1910)
1857.- 6323
1860.- 6746
1877.- 6301
1887.- 6524
1897.- 6634
1900.- 6653
1910.- 6225

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