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Antes de que existiera

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Antes de que existiera
- Introducción
- Era Primaria
- Era Secundaria
- Era Terciaria
- Era Cuaternaria
- Rutas Volcanes
- Bibliografía

 

Antes de que existiera

Apuntes sobre las características fisiográficas del municipio de Miguelturra

Autores: Elena González Cárdenas
Rafael Ubaldo Gosalvez Rey
Gráficos y fotografias de los autores
Fuente: Miguelturra en red, nº2

Los orígenes de Miguelturra como asentamiento humano y su evolución a lo largo de la historia es el tema central de un nuevo número de "miguelturra en red", siendo la pretensión de este artículo dar unas pinceladas acerca de cómo era, y es, el territorio sobre el que se asienta esta población y sus habitantes antes de que éstos decidieran establecerse permanentemente en él.

Antes de empezar, no podemos dejar de mencionar que nos encontramos en un momento histórico en el que la capacidad de transformar la realidad física por parte del hombre ha alcanzado límites inimaginados, hasta tal punto que numerosos científicos consideran que, a partir de la revolución industrial, hemos pasado a un nuevo periodo geológico dentro de la era Cuaternaria, el Antropoceno, caracterizado por la importancia del hombre como agente perturbador de los sistemas naturales. Es oportuno, por lo tanto, parar un momento, sentarnos y reflexionar sobre nuestro pasado, sobre nuestro presente y sobre el futuro hacia el que caminamos como sociedad. Y esto es lo que modestamente pretendemos exponer en estas páginas, en nuestro caso haciendo más hincapié en ese largo y desconocido pasado anterior al hombre y ceñidos en el marco espacial del término municipal de Miguelturra.
El relieve, como expresión geométrica de la superficie terrestre, fruto de la interacción de diferentes procesos geológicos y geomorfológicos ocurridos a través de la historia de la tierra, es el componente del medio natural posiblemente más importante, condicionando a todos los demás (suelos, vegetación, fauna, actividad humana, etc.). Por ello, nos centraremos en él a la hora de hablar del «antes de que Miguelturra existiera». Hay que comenzar localizando en el espacio geográfico el término municipal de Miguelturra. éste se encuadra en el borde oriental de la unidad natural del Campo de Calatrava, que se inscribe a su vez dentro de la Meseta Sur, área de transición entre dos mundos distintos geológicamente hablando, en función de la naturaleza de sus materiales: el silíceo y el calizo. A ello se suma un elemento propio, que le otorga una extraordinaria originalidad: el vulcanismo. La Meseta Sur forma parte, a su vez, de lo que los geólogos han venido a denominar Basamento, Macizo o Zócalo Hespérico, Hercínico o Herciniano Ibérico, es decir, los terrenos más antiguos de la Península Ibérica.

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Era Primaria

Llegados a este punto es oportuno recordar que, desde el punto de vista temporal, la historia de la tierra se ha dividido en cinco grandes eras, tal y como queda reflejado en la tabla 1. Pues bien, los materiales más antiguos que afloran a la superficie en Miguelturra corresponden a los situados en la Sierra de San Isidro y Las Cañadas, que están datados en la Era Primaria o Paleozoica, en concreto dentro del periodo Ordovícico (unos 350 millones de años), momento en el que se produce la acumulación de abundantes materiales, principalmente arenas y arcillas, en ambientes sedimentarios, bien de carácter transgresivo (los océanos avanzan sobre los continentes), bien de carácter regresivo (los océanos retroceden con respecto a los continentes). Estos materiales son plegados en la orogenia hercínica (240 millones de años), dando lugar a las grandes estructuras onduladas y fracturadas de carácter regional, caracterizadas por la alternancia de anticlinorios (dominancia de pliegues convexos) y sinclinorios (dominancia de pliegues cóncavos).

Era Primaria

En profundas cuencas sedimentarias, las arenas y pizarras se transforman (procesos de diagénesis), dando lugar a litologías dominadas por las cuarcitas y pizarras de edad Tremadoc y Arenig. La potencia (grosor) de estas rocas es muy variable, alcanzando valores de entre 800/1.000 m. Por encima, encontramos las cuarcitas armoricanas, de tonos blanquecinos, con espesores de 200/300 m y cuya apariencia externa son crestas de barras rocosas, siendo las responsables de las mayores elevaciones de la zona (Las Cañadas). En todas ellas es frecuente la aparición de restos de icnofauna (Skolithos, Daedalus, Cruziana y Dictyodora).

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Era Secundaria

Durante la Era Secundaria o Mesozoica, las fracturas generadas en la orogenia hercínica se reactivan en régimen distensivo, dando lugar a fosas que comienzan a rellenarse por sedimentos continentales de abanicos aluviales y depósitos fluviales, que evolucionan con posterioridad a sedimentos marinos someros, como consecuencia de una nueva fase de transgresión marina, dando lugar a una plataforma somera carbonatada. Los materiales y morfologías que se generan son los que aparecen en el Campo de Montiel y bajo la cobertura terciaria manchega, existiendo una laguna estratigráfica durante esta Era en el municipio de Miguelturra.

Edad 

Litología 

Estructuras 

Relieve 

Altitud 

Localización

Era Arcaica (unos 4000 m.a.) 

Sin registro 

Sin registro 

Sin registro 

Sin registro 

Sin registro

OROGENIA CALEDONIANA (unos 500 m.a.)

 

 

 

 

 

Era Primaria(Ordovícico: 350 m.a.) 

Cuarcitas 

Grandes estructuras plegadas 

Cerros y sierras 640-700 m 

Sierra de Las Cañadas 

Sierra de San Isidro

OROGENIA HERCINIANA (unos 250 m.a.)

 

 

 

 

 

Era Secundaria (unos 200 m.a.) 

Sin registro 

Sin registro 

Sin registro 

Sin registro 

Sin registro

OROGENIA ALPINA (unos 60 m.a.)

 

 

 

 

 

Era Terciaria (Plioceno Superior 3 m.a.) 

Calizas 

Plataforma subhorizontal 

Llanura 

620-640 m 

Llanos de Miguelturra

Plio-pleistoceno(5-1 m.a.) 

Piroclastos Oleadas 

Construcción Destrucción 

Conos Costas Maares 

640-687 m 

Cerros del Algibe Hoya de Pedro Tejedor

Era Cuaternaria (2 m.a - época actual) 

Derrubios de ladera 

Inclinada 

Glacis Dolinas 

Variable 

Laderas y piedemontes serranos

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Era Terciaria

Un nuevo ciclo orogénico, fruto del choque de la placa africana con la europea, tiene lugar al final de la Era Secundaria (hace unos 60 millones de años), siendo conocido con la denominación de Orogenia Alpina. El empuje entre las dos placas produce un rejuvenecimiento de los relieves paleozoicos y una deformación de las plataformas continentales preexistentes, generándose nuevas cuencas continentales que se rellenan durante las etapas finales del Terciario o Cenozoico (periodo Mioceno y Plioceno). El origen de estas cuencas está en relación con la reactivación de fallas profundas del Zócalo o Macizo Ibérico y con la creación de otras nuevas, que las hunden en determinados sectores.
La llanura que rodea a Miguelturra y que se extiende sin solución de continuidad hacia el este, tiene su génesis en el relleno, precisamente, de una cuenca sedimentaria. Los materiales que van colmatando esta cuenca corresponden en un primer momento a fangos y arenas del periodo Plioceno Superior (con un espesor de 5/6 m), cuya génesis se atribuye a facies distales de abanicos aluviales, sobre las que se instalarían canales fluviales. Posteriormente, se produce la acumulación de calizas y margas con un espesor medio de unos 60 m, las cuales se deben corresponder con ambientes sedimentarios lacustres generalizados. Es en este momento cuando comienzan a desarrollarse los procesos volcánicos que caracterizan al Campo de Calatrava y de los cuales participa el territorio sobre el que se asienta Miguelturra. Las calizas pliocenas presentan en la actualidad una intensa karstificación, debido a la acción del agua, que da lugar a la formación de dolinas de dimensiones hectométricas distribuidas por todo el término municipal.

Era Terciaria

Las huellas del vulcanismo en Miguelturra

La existencia de actividad volcánica en el centro de la provincia de Ciudad Real se conoce desde mediados del siglo XIX, gracias a los trabajos de Maestre (1836 y 1844) y de Ezquerra del Bayo (1844). Pero será F. Hernández Pacheco en 1932, el que proporcione la primera visión de conjunto de esta región volcánica, que él bautizará con el nombre de los Campos de Calatrava o Región Volcánica Central Española.
Todos los investigadores que han trabajado en este tema están de acuerdo en atribuir la génesis del mismo a la formación de las Cordilleras Béticas, aunque no hay consenso acerca del mecanismo concreto que lo produjo. Algunos autores lo atribuyen a la presencia de un punto caliente asociado a procesos de elevación cortical y posiblemente de "rifting" abortado (apertura de una dorsal). Otros lo consideran vinculado a procesos de deformación de la corteza relacionados con el emplazamiento de las unidades subbéticas durante el Mioceno superior, lo que se traduciría en la aparición de una protuberancia cortical en la Meseta Sur, que justificaría el ascenso de la astenosfera y la salida de magma a la superficie. Finalmente, otros autores descartan un origen extensional o de "rifting" abortado y proponen un proceso flexural de la litosfera en régimen compresivo débil, mediante el cual el manto ascendería, fundiendo parcialmente y liberando magmas.
Cuatro son las etapas que en la actualidad se pueden llegar a distinguir en el vulcanismo calatravo, siendo las más importantes la segunda y la tercera, al ser las responsables de la creación de los conjuntos de volcanes más destacables, tanto por variedad y cantidad de materiales emitidos como por las morfologías y paisajes creados : Las formas que introduce el vulcanismo en la parte central de la provincia de Ciudad Real son las que otorgan a la misma una personalidad y originalidad propia, y diferenciada de espacios aledaños con características similares (Los Montes, Sierra Morena y Campo de Mudela), lo que ha llevado a algunos autores a identificarla como una comarca o unidad natural propia, la del Campo de Calatrava, al margen de las connotaciones históricas (Orden de Calatrava) que también están presentes. En este contexto, la morfología volcánica rompe la continuidad de las formas de origen estructural (anticlinales y sinclinales paleozoicos) y de las superficies de erosióndepósito (cuencas sedimentarias terciarias), lo que ha llamado la atención de los habitantes de esta comarca, tal y como lo demuestra la variada toponimia asociada a las formas volcánicas: "negrizales", "sernas", "navas", "hoyas", "cerros", "cabezos" o "castillejos", entre otros.
Los mecanismos eruptivos han sido de dos tipos: efusivos y explosivos (estrombolianos e hidromagmáticos), representando éstos últimos el 80% de las manifestaciones volcánicas identificadas. Dentro del término municipal de Miguelturra sólo encontramos erupciones explosivas, que han dado lugar a dos tipos de formas básicas: conos piroclásticos ("cabezos y cerros") y maares ("hoyas"). Con frecuencia, los edificios es trombolianos aparecen asociados a los hidromagmáticos, denotando procesos eruptivos complejos. Entre los primeros hay que destacar: Cabezo Jimeno: Se localiza al SW, limitando con el municipio de Ciudad Real, tratándose de un cono piroclástico en el que abundan los productos escoriáceos, bombas, lapillis y cenizas.
Cabezo del Aljibe: Situado en la parte meridional del término de Miguelturra, es otro cono piroclástico, formado por escorias y piroclastos.
Cabezo de la Serna: Pequeño cerro volcánico de escorias y bombas, situado inmediatamente al SW del casco urbano de Miguelturra y al que se encuentran asociado otros afloramientos volcánicos más pequeños y amplias zonas cubiertas de cenizas.
Volcán de la Sierra de Lucía o Las Cañadas: Localizado al sur de dicha sierra, se trata de un edifico troncocónico originado por la acumulación de materiales escoriáceos (piroclastos de caída). Adosado a él, se encuentra un maar u hoya, lo que revela una historia eruptiva compleja.
En cuanto a las hoyas o maares, se trata de formas de destrucción generadas al entrar en contacto el magma que asciende hacia la superficie con agua ajena al sistema volcánico (freática, superficial o meteórica), lo que origina eventos explosivos muy violentos por la vaporización brusca del agua a expensas de la energía térmica contenida en el magma. Este tipo de erupciones son las que dominan en Miguelturra, al igual que sucede en el Campo de Calatrava, concentrándose todas ellas en la parte meridional del termino municipal, presentándose con una disposición casi ortogonal, siguiendo las direcciones principales de la tectónica herciniana. Nos estamos refiriendo a la Hoya de Pedro Tejedor y a la sucesión lineal de 7-8 cráteres u hoyas (Cuarto Pavón, Las Casillas y Obizo) por las que discurre la carretera de Miguelturra a Pozuelo de Calatrava. A ellas se unen, aunque ya en el término de Pozuelo de Calatrava, el conocido maar de la Celadilla, antigua laguna (hoy tristemente desecada), albergada en el fondo de un maar de grandes dimensiones (600 x 1.000 m).

Huellas del vulcanismo

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Era Cuaternaria

La transición entre el Terciario y Cuaternario, además de por el vulcanismo, se caracteriza por la aparición de encostramientos calcáreos en superficie, de diferente espesor y desarrollo, que ocultan las calizas y margas pliocenas. La formación de estas costras, ampliamente extendidas por todo el territorio, se atribuye a una intensa deforestación y posterior erosión de los horizontes superficiales del suelo, lo que provocó que los horizontes más profundos emergieran a la superficie. A partir de aquí, y favorecidos por la alternancia de ciclos húmedos y secos en un ambiente climático semiárido, se generaron estas costras calcáreas.
Los últimos elementos geológicos a reseñar en el municipio de Miguelturra son los coluviones o depósitos que tapizan las laderas de la Sierra de San Isidro y de la Sierra de Las Cañadas, los cuales se relacionan, según investigaciones recientes, con procesos de gelifluxión en ambientes climáticos periglaciares durante el Holoceno. Estas mismas investigaciones han demostrado que estos depósitos de ladera se corresponden en realidad con un manto meteorizado y desplazado en masa ladera abajo. En ese movimiento ladera abajo se habría producido la deformación y fragmentación de las capas más dura de las cuarcitas, las cuales se han incorporado como fracción gruesa a la masa areniscosa-arcillosa de matriz fina original.

Era Cuaternaria

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Rutas Volcanes

Partiendo de Ciudad Real, hacia el sur, por la carretera 420, en dirección a Puertollano, una vez que hemos pasado por el portillo de Peñalagua, en la Sierra de Los Castillejos, entramos en la cuenca sinclinal de Corral-Poblete. Estos llanos, recorridos en su centro por el río Jabalón, que abre su valle entre las sierras paleozoicas y los sedimentos miocénicos, dan cobijo a un importante número de volcanes desarrollados en erupciones efusivas y explosivas. La actividad en este espacio se remonta al terciario, siendo también muy intensa en el Pleistoceno. Llegados al municipio de Poblete, tomamos la carretera que lleva a la antigua estación de Ferrocarril y entraremos en el interesante campo de volcanes de El Pardillo. Al inicio de la ruta se encuentra el volcán del Cabezo del Rey, formado por un cono de piroclastos que está coronado por un domo colada y por depósitos procedentes de la emisión de las fumarolas que marcaron el final de las erupciones. A sus pies se abren dos amplias depresiones explosivas: los maares de El Pardillo y El Mortero, este último, recientemente declarado (de nuevo de forma aislada y sin reparar en el valor paisajístico y científico del conjunto de los edificios que se sitúan en sus inmediaciones)

Rutas Volcanes


En las canteras abiertas para la extracción de material y en las trincheras de la línea del AVE, se aprecian las características de los depósitos de oleadas piroclásticas de estos dos cráteres freatomagmáticos. Al sur y al este del Pardillo se desarrolla el grupo de volcanes de ZurriagaCiruelaLa Puebla, que merece un recorrido exclusivo. Desde Poblete, y en dirección a Puertollano, se atraviesan los amplios maares de Los Espejuelos, en cuyos anillos de tobas, podemos observar magníficos ejemplos de depósitos de oleada piroclásticas secas, con formas de fondo sand wave y la presencia de grandes bloques y bombas. Descendiendo hacia el valle del Jabalón, en el paraje de La Torrecilla, debemos hacer una parada para visitar el afloramiento del volcán fosilizado por las calizas que forman el relleno de la cuenca. En los restos de este edificio volcánico se aprecian la intercalación de piroclastos de caída con depósitos freatomagmáticos, todos ellos afectados por palagonitización. La presencia de conductos de fumarolas es muy común en este afloramiento. Antes de cruzar el río por Puente Morena, a la derecha, bordeando la orilla, o por el camino de la explotación minera, puede llegarse al Cabezo Segura, interesante edificio volcánico constituido por dos conos yuxtapuestos, generados en erupciones simultaneas (Poblete, 1994). En estas erupciones se alternan las fases en las que se emiten coladas poco fluidas y con potencias que superan los 20 m, junto a piroclastos de caída, con otras en las que las coladas son más fluidas y tienen un mayor recorrido, quedando colgadas sobre el valle del Jabalón. Entre estas fases estrombolianas se intercalan erupciones freatomagmáticas cuyas oleadas se superponen a los piroclastos de caída de color oscuro. Al haber canteras abiertas en este volcán, la visita debe llevarse a cabo con precaución, sobre todo si vanos acompañados de niños. Esta advertencia es válida para todos los volcanes afectados por procesos de laboreo minero.
Al otro lado de la carretera, se alza el volcán de Cabeza Parda, que al igual que el Cabezo Segura, se encuentra sometido a un intenso proceso de destrucción. La sistemática concesión de permisos de explotación en los volcanes del Campo de Calatrava, está afectando a un número muy alto de edificios, llegando a estados muy avanzados de destrucción. Así: Cabezo Segura, Cabeza Parda, Yezosa, Cerro Gordo, La Atalaya, La Halconera, la Fuente del Arzollar y otros de los más emblemáticos volcanes de la región, han sido explotados hasta acabar con formas cuya reconstrucción es imposible. Las tímidas medidas de protección de la Junta de Comunidades, son más una forma de eludir responsabilidades ante la ancestral dejadez de la administración, que un intento serio de proteger un paisaje único e irrepetible; algo que sucede no sólo en CastillaLa Mancha, sino en buena parte de la península.
Siguiendo hacia el sur, en el cruce con la carretera de Cañada de Calatrava, tomamos esta nueva ruta para visitar los volcanes del Negrizal, La Atalaya, La Halconera, Villafranca y La Puebla. Estos conos de piroclastos se levantan sobre las fracturas que hunden la fosa de Ballesteros.
Al llegar al cruce de la carretera de Aldea del Rey, se toma la dirección de Ciudad Real y una vez cruzado el puente sobre el río Jabalón, a mano izquierda se encuentra el caserío de La Puebla, donde se levanta el volcán del mismo nombre, conocido también por El Cominal. Este volcán ha sido utilizado para uso residencial, habiéndose repoblado con especies no autóctonas, lo que ha alterado su fisonomía e impide su visita, pero también le ha preservado de la destrucción. Pese a esto, en su vertiente sur se pueden observar las coladas que pusieron fin a la erupción, con bolas de acrección desprendidas de su potente frente.
A penas a dos kilómetros del caserío de La Puebla, se encuentra el de Ciruela, al que se accede a través de un camino rural. Desde aquí se pueden recorrer los volcanes explosivos de Cantagallos y Longueras, cuyas dimensiones superan los 1.000 m. de eje en el fondo de los cráteres. En el borde este del cráter de Longueras se levanta el volcán de Las Moreras que se alinea, en una fisura eruptiva de más de 15 kilómetros de longitud, con los del complejo de Ciruela y con el volcán de Zurriaga. Un recorrido a pie por la zona permite captar las características geomorfológicas de estos volcanes. En el volcán de Ciruela, se destaca la presencia de una chimenea exhumada que constituye un impresionante peñón que se destaca sobre la planitud del llano que lo circunda.

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Bibliografía

GARCÍA RAYEGO, J. L. Y GONZÁLEZ CÁRDENAS, M. (Coord.), Elementos del medio natural en la provincia de Ciudad Real: libroguía de las excursiones de las XII Jornadas de Campo de Geografía Física. Universidad de CastillaLa Mancha. Cuenca, 1997.

GONZÁLEZ CÁRDENAS, MARÍA ELENA, Aspectos geomorfológicos del volcanismo hidromagmático del Campo de Calatrava, Ciudad Real. En: Estudios de Geomorfología en España. 1992: 569-583.

GOSÁLVEZ REY, R.U. Y MORALES PÉREZ, M., Un ejemplo de islas continentales biogeográficas: los afloramientos silíceos en la zona de transición del Campo de Calatravallanura manchega. En: XVI Congreso de Geógrafos Españoles: «El territorio y su imagen». Málaga, 1999.

HERNÁNDEZ PACHECO, FRANCISCO, Estudio de la región volcánica central de España. Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Madrid, 1932.

POBLETE PIEDRABUENA, MIGUEL ÁNGEL, El relieve volcánico del Campo de Calatrava (Ciudad Real). Junta de Comunidades de CastillaLa Mancha. Universidad de Oviedo, Departamento de Geografía. Oviedo, 1994.

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